VirginIA: El código abierto para comunicar sin que te duela el estómago.

y no me lo enseñó un programador, fue un cubriwater

Sé mucho sobre comunicación terapéutica.

Sobre vínculo.

Sobre escucha.

Sobre cómo una palabra bien colocada puede abrir algo en otra persona que llevaba años cerrado como un trastero emocional lleno de cajas de “ya lo miraré”.

Pero sobre comunicación persuasiva o psicología de ventas… no tanto.

Y no pasa nada.

Porque una de las cosas más inteligentes que puede hacer alguien que trabaja acompañando personas es dejar de fingir que sabe de todo.

Por eso observo.

Aprendo.

Y me fijo en gente que sí sabe hacer cosas que yo todavía estoy aprendiendo.

En concreto, me gusta mucho cómo comunica y explica las cosas Mirko Mescia.

No porque “venda”.

Eso lo hace mucha gente.

Sino porque consigue algo bastante más difícil:

hacer que entiendas.

Que no es lo mismo.

Hace unas semanas envió un mail donde explicaba una forma distinta de construir una página de ventas.

No hablaba de manipular.

No hablaba de meter urgencias artificiales.

No hablaba de perseguir personas por internet con botones rojos del tamaño de Cuenca y testimonios más falsos que la Charito diciendo que ganó libertad financiera vendiendo velas cuánticas.

Hablaba de recorrido.

De estructura narrativa.

De entender qué tiene que pasar dentro de la cabeza de la otra persona para que algo cobre sentido.

Y ahí fue donde entramos en sintonía.

Porque, en el fondo, la base de toda comunicación siempre ha sido la misma.

No importa si estás en una consulta terapéutica, escribiendo un mail o creando una página de ventas.

La pregunta sigue siendo:

¿Qué quiero provocar en la otra persona?

La última capa de comunicar bien nunca es “explicar mejor”.

Es conseguir que alguien al otro lado:

entienda,

sienta,

y haga algo con eso.

Y eso yo sabía hacerlo muy bien en un contexto uno a uno.

En consulta.

En procesos terapéuticos.

En conversaciones humanas reales.

Lo que nunca había hecho era llevar esa lógica a una comunicación más persuasiva orientada a vender un producto.

Hasta ese mail.

Porque aquel email iba:

con estructura narrativa,

con intención emocional,

con comprensión humana,

y con la capacidad de explicar algo de forma tan clara…

que al cerebro no le quedaban escapatorias.

Ni falta que hacía.

Lo mejor de todo es que fue insultantemente sencillo.

Tan sencillo que primero me emocioné…

y luego me sentí un poco idiota.

Porque pensé:

“¿Cómo no he caído antes en esto?”

Apliqué los tres pasos que explicaba.

Los adapté a mi manera de comunicar.

Y ese mismo fin de semana tenía hecha la página de ventas.

Sin sufrir.

Sin escribir cosas que jamás diría en voz alta.

Solo entendiendo mejor el recorrido.

Después de aplicar aquello, le escribí para darle las gracias.

Porque había comprado formaciones enteras que no me habían dado ni la mitad de claridad que aquel simple mail.

Y más tarde, compartió ese mensaje en su newsletter.

Pero lo interesante no fue salir mencionada.

Lo interesante fue confirmar algo que llevo mucho tiempo viendo en BeOneYou:

Una idea clara puede provocar más transformación que toneladas de contenido inflado

Y lo que necesitamos muchas veces, es aprender a ordenar el significado.

Lo he visto en personas que saben acompañar.

Sostener.

Leer procesos humanos complejos.

Pero luego intentan comunicarlo…

y se apelotonan las palabras en lo que quieren decir y terminas sin entender nada de lo que quieren transmitir. 

Puritito caos.

Cuando alguien entiende qué quiere dibujar en la mente de la otra persona y se lo expresa con claridad y en orden las frases empiezan a respirar distinto.

Ya no explicas.

Ubicas.

Ya no persigues.

Orientas.

Ya no fuerzas.

Haces visible.

Y esto, en profesiones terapéuticas, creativas y humanas, cambia absolutamente todo.

Por eso en BeOneYou trabajamos tanto la narrativa, el vínculo y la comunicación terapéutica.

No decoramos lo que haces.

Ayudamos a que otra persona pueda verlo.

Y eso, aunque internet se empeñe en convertirlo en otra cosa, sigue siendo profundamente humano.

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