“Marshall McLuhan lo dejó caer hace décadas: el medio es el mensaje.”
Y aún así, en consulta hacemos justo lo contrario.
Nos obsesionamos con qué decir.
La técnica perfecta.
La pregunta brillante que desbloquea al paciente en 30 segundos.
Y mientras tanto, ignoramos lo que realmente está hablando todo el rato:
desde dónde lo estamos diciendo.
Porque no, no es lo mismo intervenir desde la presencia que desde el agotamiento.
No es lo mismo acompañar desde la calma que desde la prisa.
Y tu paciente lo nota.
No lo piensa. Lo nota.
El medio eres tú (aunque no te guste)
El lugar interno desde el que hablas no es un detalle.
Es el filtro que lo distorsiona todo:
Cambia el significado de lo que dices
Modula la profundidad a la que llega
Determina si eso se integra… o se queda en ruido elegante
Puedes tener la mejor intervención del mundo, pero si el “medio” está contaminado, llega como un mensaje defectuoso.
Como escuchar música increíble en unos altavoces rotos.
Cómo se vive desde el otro lado
Te lo traduzco en versión paciente:
Si estás agotado, se percibe.
Y pasa algo curioso: el paciente se repliega.
Se guarda lo importante.
Se adapta a ti para no cargarte más.
Resultado: sesión superficial disfrazada de correcta.
Si tienes prisa, también se percibe.
Y entonces ya no hay proceso, hay trámite.
Número en la carnicería.
Siguiente.
El autoengaño del profesional técnico
Aquí viene la parte incómoda.
Hay quien sigue pensando que esto no importa.
Que lo relevante es el diagnóstico, la técnica, el protocolo.
El clásico modo “mecánico con bata blanca”.
Si estás ahí, mala noticia: estás trabajando con personas como si fueran problemas técnicos.
Y no, no funciona así.
Puedes acertar en el contenido…
y fallar en el impacto.
Afinar el medio no es opcional
Tu formación te dio herramientas.
Perfecto.
Pero nadie te entrenó para sostener el estado interno desde el que esas herramientas tienen efecto.
Y ahí es donde se gana o se pierde todo
Porque no se trata de ser perfecto.
Se trata de no sabotear el proceso con tu propio estado.
La pregunta incómoda (la que importa)
¿Desde dónde estás acompañando últimamente?
No lo que dices.
No lo que sabes.
No lo que aplicas.
Desde dónde.
Porque ese “desde dónde” ya está hablando… incluso cuando tú callas.
No seas el mensaje.
Sé el medio.
Y si el medio falla, da igual lo brillante que sea el contenido: no llega.
Tu formación te dio el contenido. Afinar el medio es lo que convierte una sesión correcta en una que transforma.
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Gracias por haber leído este contenido hasta el final 🙂
