Y poco se cita…
Corría el año 1952 cuando Hildegard Peplau publicó Interpersonal Relations in Nursing.
Te invito a que lo mastiques un segundo.
1952 era un mundo de batas almidonadas, jerarquías rígidas y profesionales que aprendían que la distancia emocional era sinónimo de competencia. La neutralidad se confundía con frialdad. El saber se medía en autoridad.
Y en medio de ese escenario apareció ella.
Una mujer.
Escribiendo algo que, leído hoy, sigue teniendo el filo intacto.
Peplau habló de conciencia relacional cuando la relación apenas se estudiaba.
Nombró roles que se activan sin pedir permiso.
Describió transferencias antes de que la palabra circulara con soltura académica.
Invitó a reconocer prejuicios propios cuando el sistema premiaba la máscara impecable.
Pero lo verdaderamente revolucionario no fue eso.
Fue atreverse a decir que el profesional importa.
Que su mundo interno entra en la consulta aunque no lo declare.
Que su forma de mirar no es neutra.
Que su historia escucha antes que sus oídos.
Que su manera de preguntar puede abrir… o cerrar.
Eso, en 1952, era casi una herejía clínica.
Porque implicaba aceptar que no somos instrumentos asépticos.
Que acompañar tiene impacto emocional.
Que desgasta.
Que confunde.
Que a veces remueve más de lo que resuelve.
Y que si no sabes quién eres cuando acompañas, puedes perderte intentando sostener a otros.
Peplau no romantizaba el cuidado. Lo humanizaba.
Decía algo incómodo:
la relación terapéutica no es un procedimiento técnico, es un encuentro entre subjetividades.
Y eso nos devuelve una responsabilidad delicada.
No se trata solo de saber más teoría.
No se trata de acumular técnicas como quien colecciona herramientas brillantes.
Se trata de interferir menos.
En el Laboratorio trabajamos precisamente eso: tu forma de estar.
Tu posicionamiento interno.
Tu identidad cuando acompañas.
Tus automatismos invisibles.
Tu tendencia a salvar, a evitar, a controlar, a retirarte.
No para convertirte en alguien distinto.
Sino para que tu presencia deje de contaminar sin que te des cuenta.
Peplau fue referente siendo mujer en un sistema que no escuchaba mujeres.
Nombró lo relacional cuando el paradigma miraba hacia otro lado.
Habló del impacto del vínculo cuando el vínculo no tenía prestigio.
Y aquí estamos.
Redescubriendo lo obvio como si fuera una novedad disruptiva.
Tal vez la verdadera innovación no sea inventar más conceptos, sino tener el coraje de mirarnos mientras acompañamos.
Feliz día.
Virginia
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