Estar al lado de la cama de alguien que quieres. Viendo pasar las horas.
Durmiendo en una silla de hospital que son comodísimas.
Te suena, ¿verdad?
Y tú, alma cándida, con la espalda que no te duele al día siguiente… a trabajar.
Un poco de chapa y pintura, una sonrisa que disimule tu falta de sueño reparador y ¡a por ello!
Pero hay señales que delatan…
Envías un mail que no era.
Saltas con una respuesta que no querías…
Y el problema no es solo el cansancio.
El problema es que, si te dedicas a la salud, a la terapia, al acompañamiento… el sistema te ha hecho creer que tú no puedes permitirte estar mal.
Que tú no puedes fallar.
Que tú no puedes aflojar.
La salud de quienes cuidan es un tabú.
Uno muy caro.
“Más que una cuestión de pérdida de recursos es una cuestión de humanidad.”
Eso no lo digo yo, lo dice María Montoya, médica de geriatría y productora de ¿A mi quien me cuida?
Y no puedo estar más de acuerdo.
Porque mientras el sistema habla de ratios y bajas laborales, hay algo que casi nadie dice:
Estás perdiendo tu humanidad para poder cumplir.
Y eso, sinceramente, es un precio que no tienes por qué pagar.
Si no quieres perderla nos vemos aquí.
Recuerda que eres algo más que tu trabajo.
Porque si tú pierdes tu humanidad… vas a joder a tus pacientes. Y ellos no son un mal e-mail mal enviado.
Son personas de carne y hueso con sentimientos. Como tú.
