Informar te deja tranquilo… pero comunicar te deja expuesto.

Durante años confundimos comunicar con informar.
Un poco como confundir “decir te quiero” con “te lo mando por correo certificado”.



Informar es eso que hacemos cuando hablamos desde diagnósticos, técnicas, pasos, recomendaciones, o sea el manual. 
Comunicar
 es cuando lo hacemos desde el cuerpo, el vínculo y la humanidad que se nos escapa por las costuras.



El modelo clásico (ese de bata blanca y tono doctoral) se basaba en informar: el experto hablaba, el otro asentía y nadie entendía nada, pero todos parecían muy serios.

El resultado: una montaña de información… y cero transformación.



En cambio, comunicar implica riesgo.
Implica escucha. 
Implica aceptar que lo que dices puede no caer en terreno fértil, o que el otro te mire con cara de “eso suena muy bien, pero en mi vida real no existen esas palabras”.



Porque comunicar no es soltar cosas inteligentes:
es hacer que el mensaje encaje en el mundo emocional del otro.


Y esto, en consulta, es clave.

No sirve de nada decir “tienes que poner límites” si el otro vive los límites como un campo minado.

No sirve decir “acepta tus emociones” si aún no sabe distinguir la rabia del ardor de estómago.



Informar es hablar para.
Comunicar es hablar con.



Y cuando comunicamos de verdad, algo se mueve.
A veces poco.
A veces mucho.
Pero nunca indiferentes.



Aquí en BeOneYou convertimos los informativos tediosos en charlas que sostienen el alma.

Porque sabemos que comunicar es crear sentido compartido.

Informar se hace desde la cabeza.
Comunicar, desde el vínculo.


Feliz día!

Virginia


PD: Umberto Eco tenía razón cuando hablaba de “la guerrilla semiológica”: la batalla de la comunicación no se gana en quien emite, sino en quien recibe.

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